Sinopsis
La milla verde es una de las novelas más conmovedoras de Stephen King. No por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Ambientada en el corredor de la muerte de la prisión de Cold Mountain durante los años treinta, la historia se despliega desde la voz cansada y lúcida de Paul Edgecombe, uno de los guardias encargados de acompañar a los condenados en sus últimos días.
La “milla verde” es el pasillo que separa a los presos de la silla eléctrica. Verde por el linóleo del suelo. Verde como algo que debería significar vida, pero conduce, inexorablemente, a la muerte. Por allí desfilan hombres culpables, hombres rotos… y también John Coffey, un gigante negro, analfabeto, acusado de un crimen atroz, cuya presencia desarma todas las certezas.
A medida que Paul y sus compañeros conocen a Coffey, la novela se corre del eje del castigo y entra en un terreno mucho más incómodo: la injusticia, la compasión, el peso de decidir quién merece vivir y quién no. Hay un elemento sobrenatural, sí, pero no domina la historia. Funciona como un susurro que amplifica lo esencial: el dolor humano, la bondad inexplicable y la culpa que no prescribe.
Stephen King escribe aquí con una sensibilidad poco habitual incluso para él. La milla verde no busca asustar ni sorprender con giros bruscos. Busca algo más difícil: que el lector cargue con la historia mucho después de haber cerrado el libro. Porque algunas penas no terminan con una ejecución. Algunas se arrastran durante toda una vida.
