Sinopsis
El cazador de sueños es una de las novelas más extrañas y personales de Stephen King. Escrita durante su recuperación tras el accidente que casi le cuesta la vida, la historia tiene algo febril, desbordado y profundamente visceral. No es un defecto: es parte de su identidad.
Cuatro amigos arrastran desde la infancia un secreto compartido. En su niñez salvaron a un chico marginado, Duddits, y ese acto dejó una marca invisible: una conexión mental, una sensibilidad especial, algo que nunca terminaron de comprender. Años después, ya adultos, se reúnen en una cabaña para cazar. Lo que encuentran no es un descanso, sino una invasión.
Una amenaza extraterrestre se infiltra en los cuerpos humanos de la forma más grotesca posible, transformando el cuerpo en un campo de batalla. A partir de ahí, la novela avanza entre el terror biológico, la paranoia militar y la amistad puesta al límite. Nada es limpio. Nada es elegante. Todo es físico, sucio, incómodo.
Stephen King mezcla ciencia ficción, horror corporal y drama emocional sin pedir permiso. El cazador de sueños no busca agradar: busca incomodar. Habla del cuerpo que traiciona, de la mente que se fragmenta, de la infancia como refugio y condena al mismo tiempo. Y, sobre todo, de la lealtad: esa que persiste incluso cuando el mundo se vuelve irreconocible.
Es una novela excesiva, caótica y profundamente honesta. No una de las más queridas de King, pero sí una de las que mejor exponen su costado más vulnerable y desbordado.
