Sinopsis
Billy Summers es un francotirador. Pero no uno cualquiera. Tiene una regla simple, casi infantil en su formulación: solo acepta trabajos si la persona a la que debe matar es realmente mala. No es una justificación moral, es una forma de sobrevivir consigo mismo.
Cuando acepta lo que promete ser su último encargo, Billy cree que todo está bajo control. Hay una ciudad pequeña, una identidad falsa, una rutina anodina y una espera larga, incómoda, silenciosa. Stephen King convierte esa espera en el verdadero corazón de la novela. Porque mientras nada sucede, todo empieza a resquebrajarse.
A medida que el pasado de Billy se filtra en la narración —su infancia rota, la guerra, la violencia aprendida— la historia se transforma. Billy Summers deja de ser un thriller de asesinos a sueldo y se vuelve una novela sobre la culpa, la redención y la posibilidad (o no) de cambiar el final cuando ya escribiste casi toda tu vida.
El encuentro con una joven en peligro rompe el equilibrio precario que Billy había construido y fuerza una decisión que ya no tiene vuelta atrás. A partir de ahí, la violencia deja de ser abstracta y el precio de cada acción se vuelve personal.
Stephen King escribe con una sobriedad poco habitual en su obra, sin monstruos ni elementos sobrenaturales, apostando todo al drama humano. Billy Summers es una historia seca, dura y sorprendentemente emotiva, que demuestra que el terror también puede estar en la memoria, en lo que se hizo y en lo que ya no se puede deshacer.
