Sinopsis
Joyland es una novela engañosa. Por el título, por el escenario, incluso por su tamaño. Uno entra pensando en un parque de diversiones y sale con una historia sobre el paso del tiempo, la pérdida y esas heridas que no se cierran del todo.
Devin Jones tiene 21 años y un corazón recién roto cuando consigue trabajo de verano en Joyland, un parque de atracciones junto al mar. El empleo parece simple: atender juegos, vestir disfraces ridículos, hacer sonreír a la gente. Pero bajo la música, las luces y el olor a algodón de azúcar, hay algo que no termina de encajar.
Años atrás, una chica fue asesinada dentro del parque. El crimen nunca se resolvió. El lugar siguió funcionando, como si nada, pero la muerte quedó flotando en el aire, invisible y persistente. Devin empieza a escuchar historias, rumores, silencios incómodos. Y entiende que algunos lugares no olvidan.
La investigación avanza sin apuro, casi de costado, porque Joyland no es un policial clásico. Es una novela sobre crecer, sobre aprender que el mundo adulto no tiene respuestas claras y que la injusticia puede quedarse para siempre. El misterio importa, sí, pero importa más lo que deja.
Stephen King escribe con una sensibilidad contenida, sin exceso de terror ni golpes bajos. Hay fantasmas, pero no son lo central. El verdadero peso está en la nostalgia, en la conciencia de que ciertos veranos no vuelven y de que algunas verdades llegan demasiado tarde.
