La Torre Oscura VII: La Torre Oscura
2004

La Torre Oscura VII: La Torre Oscura

The Dark Tower VII: The Dark Tower

Publicado: 2004

Roland Deschain llegó demasiado lejos como para preguntarse si valía la pena. La Torre siempre fue el objetivo, pero también fue la excusa. La razón para seguir caminando cuando ya no quedaba casi nada.

En el último tramo del viaje, Stephen King deja de contar una historia de héroes y villanos y escribe sobre algo más incómodo: la imposibilidad de detenerse. La obsesión que se disfraza de destino. El precio de avanzar sin mirar atrás.

Porque llegar al final no siempre significa encontrar respuestas. A veces, significa entender que el viaje nunca fue hacia adelante, sino en círculos. Y que el verdadero castigo —o la verdadera bendición— es volver a empezar.

Sinopsis

La Torre Oscura no es solo el final de una saga: es el punto donde todo converge. Mundos, personajes, destinos y obsesiones se encuentran para cerrar —o intentar cerrar— el viaje más ambicioso de Stephen King.

Roland Deschain está cada vez más cerca de la Torre, pero el camino final es el más cruel. El ka-tet ya no es el que era. Las pérdidas pesan, el cansancio se acumula y cada decisión tiene consecuencias irreversibles. El avance ya no es una aventura: es una marcha inevitable hacia algo que nadie termina de comprender del todo.

Mientras el Rey Carmesí intenta imponer el caos definitivo y las realidades empiezan a deshilacharse, King rompe las reglas del relato tradicional. La historia se vuelve consciente de sí misma, el autor entra en escena y el lector es obligado a replantear qué espera realmente de un final.

La Torre Oscura VII no busca complacer. Busca ser honesta con el viaje. Habla del destino, de la repetición, del precio de la obsesión y del límite entre la voluntad y el ka. Roland no persigue la Torre por heroísmo, sino porque no sabe hacer otra cosa. Y eso, más que cualquier monstruo, es lo verdaderamente aterrador.

El cierre de la saga es intenso, incómodo y profundamente discutible. Pero también es coherente, valiente y fiel a la idea que la sostiene desde el principio: algunos viajes no terminan como queremos, sino como deben.