Sinopsis
En Buick 8, Stephen King propone una historia extraña desde el primer momento, pero no apura las respuestas. Todo comienza con un auto viejo, un Buick Roadmaster de 1953, abandonado sin explicación en una estación de policía de Pensilvania. No tiene dueño claro. No funciona como debería. Y, sobre todo, no se comporta como algo que pertenezca a este mundo.
Los policías que lo custodian aprenden rápido una regla fundamental: el Buick no es un coche común. A veces emite sonidos imposibles, otras veces genera objetos vivos que no deberían existir. No hay lógica, no hay patrón, no hay control. Solo una certeza incómoda: algo del otro lado está mirando.
La historia se construye a través de recuerdos, relatos fragmentados y voces que intentan darle sentido a décadas de convivencia con lo inexplicable. No hay un “caso” que resolver ni un clímax tradicional. El verdadero conflicto es aprender a vivir con aquello que no se puede entender.
Stephen King se aleja del terror directo y apuesta por una atmósfera densa, melancólica, casi contemplativa. Buick 8 habla del duelo, del paso del tiempo y de la aceptación de que el mundo no está obligado a explicarnos nada. El horror no aparece como amenaza inmediata, sino como una presencia persistente, absurda y profundamente ajena.
No es una novela sobre un objeto maldito. Es una novela sobre personas obligadas a convivir con el misterio, sabiendo que algunas puertas se abren… y nunca se cierran del todo.
