Sinopsis
Corazones en la Atlántida es uno de los libros más personales y engañosos de Stephen King. No porque oculte monstruos, sino porque los disimula detrás de la memoria, la amistad y el paso del tiempo. Es una novela compuesta por cinco relatos conectados, unidos más por emociones que por trama, y atravesados por una misma herida generacional.
Todo comienza en los años sesenta, cuando Bobby Garfield es apenas un chico que vive con su madre y observa el mundo desde la vereda. Su vida cambia con la llegada de Ted Brautigan, un hombre mayor, extraño, perseguido por fuerzas que Bobby no entiende del todo. Hay algo oscuro rondando, algo que King nunca termina de explicar del todo, porque no es eso lo importante. Lo importante es lo que se pierde cuando uno empieza a entender.
A partir de ahí, el libro avanza en el tiempo y se transforma. Los protagonistas crecen, van a la universidad, juegan a las cartas mientras el mundo se quiebra alrededor, son enviados a Vietnam, vuelven distintos —o no vuelven—. La Atlántida del título no es un lugar real: es la juventud, la inocencia, la sensación de que todo era posible antes de que la realidad se volviera irreversible.
Stephen King escribe acá con una melancolía contenida, casi dolorosa. No busca terror explícito ni giros espectaculares. Busca algo más difícil: capturar cómo se siente recordar a quienes fuimos, a quienes amamos, y a quienes dejamos atrás sin saber que era la última vez.
Corazones en la Atlántida es una elegía. Una novela sobre crecer, perder, recordar y aceptar que algunas cosas, una vez que se hunden, no vuelven jamás a la superficie.
