Los ojos del dragón
1987

Los ojos del dragón

The Eyes of the Dragon

Publicado: 1987

Hay historias que se cuentan en voz baja, como si fueran para chicos. Pero las más peligrosas son justamente esas. Las que parecen simples mientras enseñan cómo funciona el poder.

En Los ojos del dragón, Stephen King escribe sobre reyes, príncipes y hechiceros, pero también sobre algo mucho más cercano: lo fácil que es destruir un reino sin levantar la espada. Basta con una mentira bien dicha, una acusación a tiempo y alguien dispuesto a mirar desde una torre sin poder intervenir.

Porque a veces el mal no necesita rugir. Solo necesita paciencia.

Sinopsis

Los ojos del dragón es una rareza dentro de la obra de Stephen King. No hay terror moderno, ni pueblos de Maine, ni crímenes brutales. En su lugar, King construye un cuento medieval clásico, narrado con la sencillez de una fábula y la crueldad de una tragedia.

La historia se sitúa en el reino de Delain, gobernado por el justo rey Roland. Tras su misteriosa muerte, el trono debería pasar a su hijo mayor, Peter. Pero una acusación cuidadosamente armada lo condena a prisión de por vida, mientras su hermano menor, Thomas, demasiado joven y manipulable, es coronado rey.

En las sombras opera Randall Flagg, uno de los villanos más icónicos del universo King. Aquí no aparece como fuerza caótica inmediata, sino como un manipulador paciente, que gobierna sin corona y disfruta del daño lento, calculado, casi elegante. Flagg no necesita monstruos: le alcanza con sembrar desconfianza y miedo.

Mientras Peter observa el mundo desde la torre donde está encerrado —literalmente mirando a través de los ojos de un dragón— la novela se convierte en una historia sobre el poder, la injusticia y la perseverancia. No hay grandes batallas constantes, sino una tensión sostenida, construida a base de decisiones, silencios y traiciones.

Stephen King escribió este libro para su hija, y eso se siente en el tono: es accesible, claro, casi oral. Pero debajo de esa aparente simpleza hay una historia amarga sobre cómo el mal prospera cuando el poder cae en manos equivocadas.

Los ojos del dragón demuestra que King puede moverse fuera del terror sin perder identidad, y que los cuentos de hadas también pueden ser oscuros, políticos y profundamente humanos.