Sinopsis
El pistolero no es solo el inicio de La Torre Oscura. Es una declaración de intenciones. Stephen King abre su obra más ambiciosa con una historia seca, extraña y deliberadamente incómoda, que no se parece a nada que el lector haya leído antes en su bibliografía.
Roland Deschain avanza por un mundo que ya siguió adelante. Un territorio árido, desmoronado, donde la magia persiste como residuo y la tecnología como eco. Persigue al Hombre de Negro, no por venganza ni justicia, sino porque ese camino —el único que conoce— lo acerca a la Torre Oscura, el eje del que dependen todos los mundos.
En su trayecto aparece Jake Chambers, un niño que murió en nuestro mundo y despertó en este otro. La relación entre ambos es breve, intensa y marcada por una tensión constante: Roland es un héroe, sí, pero uno formado en la pérdida, el sacrificio y decisiones irreversibles.
“El pistolero” avanza como una serie de episodios —entre ellos La hierba del diablo, una secuencia hipnótica y perturbadora— que funcionan más como visiones que como capítulos tradicionales. King no explica demasiado. Sugiere. Obliga al lector a caminar sin mapa, igual que su protagonista.
Este primer libro no busca agradar ni ofrecer respuestas claras. Busca algo más peligroso: comprometerte. Porque una vez que entendés qué es la Torre Oscura —aunque no puedas definirla— ya es tarde para volver atrás.
