Sinopsis
Carretera maldita es una de las novelas más secas, sombrías y menos complacientes de Stephen King. Acá no hay monstruos, ni poderes, ni explicaciones sobrenaturales. Hay algo peor: un hombre común al que le están quitando todo, de a poco, y que decide no aceptar el trato.
Bart Dawes es gerente de una lavandería industrial, está divorciado, vive solo y carga con una pérdida que nunca terminó de procesar. Cuando el Estado decide expropiar su casa para construir una autopista, Bart no solo pierde un techo: pierde el último punto fijo que le daba sentido a su vida. Y algo dentro suyo empieza a romperse.
La novela acompaña ese quiebre sin atajos. King no acelera ni suaviza el descenso. Carretera maldita es la historia de una resistencia absurda, desesperada y profundamente humana contra una maquinaria impersonal que avanza sin mirar a quién aplasta. La autopista no es solo una obra pública: es el símbolo de un sistema que no escucha, no espera y no negocia.
A medida que Bart se aísla, sus decisiones se vuelven más extremas y la violencia aparece como una consecuencia inevitable, no como un estallido repentino. No hay épica. No hay justicia poética. Solo una pregunta incómoda que atraviesa todo el libro: ¿qué le queda a una persona cuando ya no tiene nada que perder?
Carretera maldita es un King crudo, político y pesimista, más cerca del drama existencial que del terror. Un libro que incomoda porque no ofrece consuelo ni finales amables, y que demuestra que el verdadero horror puede ser perfectamente legal.
