Sinopsis
Carrie es el punto de partida. No solo de la carrera de Stephen King, sino de una forma distinta de contar el horror: una donde el monstruo no nace así, sino que es empujado a serlo.
Carrie White es una adolescente tímida, torpe, aislada. En la escuela es el blanco perfecto de burlas constantes; en su casa vive bajo el dominio absoluto de una madre fanáticamente religiosa, convencida de que el pecado acecha en cada gesto. Carrie no entiende su cuerpo, no entiende el mundo, y nadie parece dispuesto a explicarle nada con un mínimo de humanidad.
Cuando descubre que posee poderes telequinéticos, la historia podría haber tomado el camino del empoderamiento. Stephen King elige otro, mucho más incómodo. El don de Carrie no la libera: la expone. La vuelve más peligrosa para los demás y, sobre todo, para sí misma.
El relato avanza como una tragedia anunciada. Documentos, testimonios y fragmentos de investigaciones se entrelazan con la narración principal, construyendo la sensación de que todo ya ocurrió… y que nada pudo evitarse. Cada humillación, cada silencio, cada acto de crueldad suma peso a un desenlace inevitable.
En Carrie, el terror no surge del poder sobrenatural, sino del abuso cotidiano, del fanatismo, de la violencia social ejercida sobre alguien que nunca tuvo herramientas para defenderse. Stephen King no pregunta qué pasaría si una chica tuviera poderes. Pregunta qué pasa cuando nadie la protege.
